Les notícies referides al cas Gürtel que un dia rera l'altre ocupen les pàgines i el temps de diversos mitjans, però especialment de El País, que n'ha fet una croada pròpia, semblen pertàyer a un món que es mou en paràmetres diferents que la trobada d'empresaris i directius que, dilluns al vespre, va organitzar l'associació d'antics alumnes d'Esade a Barcelona.
El cas Gürtel pertany a un món regit bàsicament pels interessos personals i on els responsables de corporacions públiques i privades se senten, per la seva pertinença a l'elit econòmica i política, al marge de les normes de conducta que regeixen pel conjunt de la societat. És un món en el qual els obsequis cars, directes o indirectes, dels empresaris rics als polítics ben situats es consideren normals, com es considera normal que aquesta amistat comprada es retorni amb bona disposició cap a les propostes de l'amic obsequiós. La majoria entendran com a corrupció que una norma, una llei o un contracte es canviïn o s'adaptin a interessos privats a canvi de compensacions econòmiques dineràries o en espècies, però això no treu que es miri amb certa condescendència la cultura del regalet.
Davant d'això, el missatge de compromís, ètica i intel·ligència creativa que Esade difon com a bagatge inexcusable d'un bon empresari o un bon emprenedor sembla pertànyer a un altre planeta. El dilluns es parlava (i feia bo de sentir-ho) de la dimensió i la responsabilitat social de l'empresa, del seu rol en la superació de l'actual crisi a cavall d'una aposta decidida per la innovació i la internacionalització... Al costat d'això, comprar favors polítics pagant les factures del sastre, sembla no només anòmal, sinó tronat i miop. Tan mesquí com el tarannà d'aquells diputats anglewsos que s'han fet pagar la neteja de la piscina o l'arranjament del jardí amb els impostos de tots els ciutadans. Llegia fa uns dies també que això no es podia comparar amb la corrupció que ha afavorit el desfici immobiliari a la costa espanyola, perquè això segon és clarament il·legal, i el cas anglès és, bàsicament, incorrecte, un abús d'una norma legal. Em sembla un matís digne d'un lladre de coll blanc, com si fos més robatori endur-se un collaret esberlant el vidre de l'aparador d'una joieria que posant-se'l a la butxaca distretament mentre, vestits de forma elegant i impecable, una parella d'anglesos pregunta el preu de la joia.
Mentre uns quants escoltavem els discursos d'Esade i ens feiem la il·lusió que el món pot ser millor gràcies a la concurrència d'uns agents socials conscienciats i responsables, l'escola de negocis barcelonina i tots nosaltres perdíem Luis de Sebastián, l'economista que ens va ensenyar a molts de nosaltres que la racionalitat econòmica no està renyida amb el compromís social i l'ètica humana, que solidaritat i guany no són antagonics, sinó complementaris. El seu llibre Mundo rico, mundo pobre va ser una de les meves primeres lectures recomanades quan vaig incorporar-me a Intermón Oxfam fa 14 anys, i els seus ensenyaments i reflexions han estat des d'aleshores una inspiració.
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31 de maig 2009
Pèrdues i guanys
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Luis de Sebastian
3 de maig 2009
¿Desaparecerán los periódicos pasado mañana?
A través del blog de Enrique Dans me he enterado de las cifras que muestran la profunda crisis que está viviendo PRISA y que ha supuesto una reducción del 88% de sus beneficios en sólo un año (de los 25,18 millones de euros del primer trimestre de 2008 a apenas 2,93 millones en el mismo período de 2009). Dans cita unas declaraciones del inversor norteamericano Warren Buffet (que compite con Gates por el puesto de "hombre más rico del mundo", además de ser el propietario y accionista de varios medios estadounidenses) recogidas por Jeff Jarvis en su blog BuzzMachine: "No compraría un periódico a ningun precio". Recuerda Jarvis, que Philip Meyer, en su libro The Vanishing Newspaper, predijo que la desaparición del último periódico se produciría en el primer tercio de 2043. No he leído el libro, así que no sé cómo realizó su cálculo este profesor de periodismo de la Universidad de Carolina del Norte, pero muchos expertos parecen coincidir en que lo fiaba muy largo y que el proceso de reducción y desaparición de la prensa escrita será mucho más rápido.
Dans, con ese tono entre socarrón y apologético que le caracteriza, le da sólo 15 días a PRISA (o lo que es casi lo mismo, a El País), para refinanciar su deuda. Cita para ello a El Confidencial, un diario online que es probablemente uno de los mejores ejemplos en España de los nuevos derroteros por los que deberá andar el periodismo, navegando en la red en lugar de anclarse en el papel. Para otros, sin problemas financieros tan graves, el plazo será quizás más largo, pero al parecer inevitable, por la alta dependencia del modelo de negocio de los ingresos publicitarios, que para los medios clásicos (las grandes cabeceras de la prensa escrita y la TV) ya habían estado descendiendo sin pausa en los últimos años a causa de la fragmentación del mercado y el ascenso de internet, y que con la crisis que vivimos simplemente han caído en picaso.
Queda, una vez más, abierta la pregunta de cómo afecta esta crisis de los medios escritos a la democracia y a su papel legitimador de y frente a la opinión pública, cómo afecta al control sobre el poder político y económico que los periódicos han ejercido. Para Dans, la crisis de la prensa es, también, fruto del deseo de los lectores de no recibir noticias "filtradas por una línea editorial determinada", algo de lo que la web nos libera al ofrecernos simultáneamente múltiples fuentes para una misma información y el acceso a puntos de vista críticos y alternativos. Así pues, en teoría, con internet el ciudadano tiene más información y son los ciudadanos críticos, activos también como productores de dicursos a través de blogs y redes sociales, quienes ejercen directamente el control social sobre políticos y empresas.
También queda pendiente, sin embargo, un análisis más crítico de los contenidos de internet, donde lo malo no son sólo los bulos que a veces se difunden con la velocidad y la impunidad del spam, sino la repetición hastiante de las mismas ideas/noticias, con frecuencia sin contrastar, y la reducción del concepto globalidad al mundo interconectado, que deja fuera a millones de personas y mucha, pero que mucha realidad.
Ya en 2006, analizando la crisis de la prensa The Economist afirmaba que "El declive de los periódicos no será tan dañino para la sociedad como algunos temen". Con internet, señalaba la revista, ya no tenemos por que creer la versión de la realidad que nos ofrecen un puñado de periódicos nacionales o locales; en pocos minutos y gracias a los buscadores podemos reunir fuentes del mundo entero; las webs participativas, como Menéame o Digg, nos permiten llamar la atención sobre aquellas noticias que nos parecen más relevantes y descubrir las inquietudes que compartimos con otros; ya no hace falta esperar una o dos semanas a que un editor publique, recortada, nuestra carta al director: podemos comentar cualquier noticia sobre la página online del propio medio...
Pero The Economist también admitía entonces (y sigue siendo válido) que el ciudadano periodista-editorialista en el que nos permite convertirnos internet tiene, sobre todo, un foco local y escribe "desde su armario" y no desde primera línea. El reto es, sin duda, cambiar el modelo de trabajo de las redacciones y el modelo de negocio de los medios (algo en lo que seguramente se ha tardado demasiado), pero no olvidando nunca que resulta difícil, si no imposible, hacer buen periodismo desde la precariedad y con un enfoque de espectacularización orientada a la venta.
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Dans, con ese tono entre socarrón y apologético que le caracteriza, le da sólo 15 días a PRISA (o lo que es casi lo mismo, a El País), para refinanciar su deuda. Cita para ello a El Confidencial, un diario online que es probablemente uno de los mejores ejemplos en España de los nuevos derroteros por los que deberá andar el periodismo, navegando en la red en lugar de anclarse en el papel. Para otros, sin problemas financieros tan graves, el plazo será quizás más largo, pero al parecer inevitable, por la alta dependencia del modelo de negocio de los ingresos publicitarios, que para los medios clásicos (las grandes cabeceras de la prensa escrita y la TV) ya habían estado descendiendo sin pausa en los últimos años a causa de la fragmentación del mercado y el ascenso de internet, y que con la crisis que vivimos simplemente han caído en picaso.
Queda, una vez más, abierta la pregunta de cómo afecta esta crisis de los medios escritos a la democracia y a su papel legitimador de y frente a la opinión pública, cómo afecta al control sobre el poder político y económico que los periódicos han ejercido. Para Dans, la crisis de la prensa es, también, fruto del deseo de los lectores de no recibir noticias "filtradas por una línea editorial determinada", algo de lo que la web nos libera al ofrecernos simultáneamente múltiples fuentes para una misma información y el acceso a puntos de vista críticos y alternativos. Así pues, en teoría, con internet el ciudadano tiene más información y son los ciudadanos críticos, activos también como productores de dicursos a través de blogs y redes sociales, quienes ejercen directamente el control social sobre políticos y empresas.
También queda pendiente, sin embargo, un análisis más crítico de los contenidos de internet, donde lo malo no son sólo los bulos que a veces se difunden con la velocidad y la impunidad del spam, sino la repetición hastiante de las mismas ideas/noticias, con frecuencia sin contrastar, y la reducción del concepto globalidad al mundo interconectado, que deja fuera a millones de personas y mucha, pero que mucha realidad.
Ya en 2006, analizando la crisis de la prensa The Economist afirmaba que "El declive de los periódicos no será tan dañino para la sociedad como algunos temen". Con internet, señalaba la revista, ya no tenemos por que creer la versión de la realidad que nos ofrecen un puñado de periódicos nacionales o locales; en pocos minutos y gracias a los buscadores podemos reunir fuentes del mundo entero; las webs participativas, como Menéame o Digg, nos permiten llamar la atención sobre aquellas noticias que nos parecen más relevantes y descubrir las inquietudes que compartimos con otros; ya no hace falta esperar una o dos semanas a que un editor publique, recortada, nuestra carta al director: podemos comentar cualquier noticia sobre la página online del propio medio...
Pero The Economist también admitía entonces (y sigue siendo válido) que el ciudadano periodista-editorialista en el que nos permite convertirnos internet tiene, sobre todo, un foco local y escribe "desde su armario" y no desde primera línea. El reto es, sin duda, cambiar el modelo de trabajo de las redacciones y el modelo de negocio de los medios (algo en lo que seguramente se ha tardado demasiado), pero no olvidando nunca que resulta difícil, si no imposible, hacer buen periodismo desde la precariedad y con un enfoque de espectacularización orientada a la venta.
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