Em fa la impressió que la jornada electoral que s'obrirà d'aquí a unes poques hores és la més trista que he viscut des que vam estrenar aquesta imperfecta democràcia fa 35 anys. Potser només m'ho sembla a mi, però en l'entorn percebo un profund desànim i cap missatge, ni els dels anunciats perdedors, ni els dels previsibles guanyadors, transmet entusiasme i il·lusió, una paraula que ja sembla només adequada per fer gags a Polònia. Parles amb la gent i són molts, moltíssims els que ja fa temps que van començar a abstenir-se per demà/avui; i també són multitud els que et diuen que aniran a votar només per responsabilitat, perquè no volen que la derechona arribi al poder amb la seva complicitat. Però la majoria d'aquests no votaran al que creuen millor, sinó al que veuen com el menys dolent, que pot estar relativament distant de les seves conviccions ideològiques profundes (com tots aquells socialdemòcrates catalanistes que acabaran votant a un senyor de l'Opus que surt a la tele tocant-se la cartera, perquè la senyora de l'esquerra no genera ni confiança ni entusiasme).
Però potser el desànim és només meu i sóc jo qui veu el món a través de les ombres que em sembla que ho cobreixen tot. Potser sóc només jo qui es troba envoltada per aquestes ombres que m'encongeixen el cor i m'esporugueixen. De vegades tinc la sensació que els sentiments són com grans imants, que atreuen sobre seu els sentiments de l'entorn que vibren en la mateixa ona. És com si portessis unes ulleres de color que magnifiquen tot el que és del mateix color.
Jo, aquests dies, estic trista i decebuda, i només veig la tristor i el desencís que m'envolta. Sé segur que hi ha coses bones i alegres (ho sap el cap, però no ho sent així el cor), però em costa veure-les. Em sento com un titella desmanegat, com una joguina desballestada, i em faria falta algú que m'ajudés a recollir les peces. Però això ja és per a un altra entrada. Ara, a dormir, per anar d'hora a votar. Més enllà del desànim, tenim la disciplina de la responsabilitat.
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20 de nov. 2011
14 de set. 2008
Sarah Palin y la censura
Acabo de leer una interesante discusión entre internautas sobre unos supuestos intentos de Sarah Palin de retirar libros de la biblioteca pública "por su lenguaje inadecuado" cuando era la alcaldesa de la ciudad de Wasilla (Alaska), cargo que ocupó entre 1998 y 2000. La noticia fue publicada por la revista Time y reproducida en el blog Contemporary Literature. Curiosamente, buena parte del debate se centra sobre la veracidad de la lista de libros que, aparentemente, Palin quiso prohibir, dado que en ella se incluyen los cuatro primeros títulos de la serie protagonizada por Harry Potter y hay un baile de fechas sobre las ediciones americanas que, para muchos, demuestra que la acusación no es verosímil. Sin entrar en la lista de obras, el Time da por hecho que las presiones sobre los bibliotecarios existieron.
Lo cierto es que, más allá de lo lamentable que resulta la mera posibilidad de que una candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos pueda estar a favor de prohibir libros en una biblioteca pública, el artículo del Time es sólo aparentemente crítico, ya que acaba reconociendo que las acciones de Palin como responsable política local no eran más que la punta del iceberg de un creciente conservadurismo que se ha ido extendiendo por toda la comarca y por toda Alaska. Incluso detalla que, en temas como el aborto o las bodas homosexuales, a los que Palin se opone duramente y sin resquicios, su competidor en la carrera electoral para ser gobernadora de su Estado mantenía posturas tan conservadoras como ella, y que lo que la diferenciaba claramente era el compromiso de Palin contra la corrupción y el nepotismo galopante de la Administración de Alaska. O sea, más o menos lo mismo que ahora, en que el principal mérito que parece aportar a la candidatura republicana es su no pertenencia al stablishment de Washington, combinada con un estilo directo y franco que le permite contrarrestar el efecto de la magnífica oratoria de Obama.
Hay que reconocerle a Palin que tiene habilidad para las metáforas contundentes (lo del pitbull con pintalabios fue genial), pero a mí me pone un poco nerviosa que los medios de todo el mundo le sigan el juego en esto de que es como una madre de familia americana cualquiera metida en política, porque eso está lejos de ser verdad. Es posible que muchas madres americanas, puestas a parecerse a alguien, puedan identificarse más fácilmente con Palin que con la melíflua pijita entrada en años que es Hillary Rodham Clinton (¿se han dado cuenta que, como candidata, nunca recordó al mundo su apellido de soltera, cosa que no paró de hacer como primera dama?). Pero de esto a considerarla el prototipo de la madre americana ("Una americana 'normal'", titulaba La Vanguardia al día siguiente de la presentación del ticket republicano) va un trecho.
Aunque también puede ser que a mí no me emocione tanto como a algunos hombres periodistas ver que una madre de cinco hijos (incluida una adolescente embarazada y su novio con cara de espanto) no sólo tiene pañales y pasteles de manzana en la cabeza. La fascinación adivinada en tantos artículos por las cicunstancias familiares de Palin (que desgraciadamente tapan su radicalismo conservador) me recuerdan el comentario de una columnista sobre una entrevista que no leí a la pepera Cospedal, en la que al parecer el redactor consumía la mitad del espacio preguntándole por la inseminación artificial a la que se sometió.
Es verdad que en muchas candidaturas políticas femeninas sigue pesando mucho lo simbólico, en el show business norteamericano y aquí, pero siempre esperamos de los analistas que sepan ir más allá de las apariencias.
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Lo cierto es que, más allá de lo lamentable que resulta la mera posibilidad de que una candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos pueda estar a favor de prohibir libros en una biblioteca pública, el artículo del Time es sólo aparentemente crítico, ya que acaba reconociendo que las acciones de Palin como responsable política local no eran más que la punta del iceberg de un creciente conservadurismo que se ha ido extendiendo por toda la comarca y por toda Alaska. Incluso detalla que, en temas como el aborto o las bodas homosexuales, a los que Palin se opone duramente y sin resquicios, su competidor en la carrera electoral para ser gobernadora de su Estado mantenía posturas tan conservadoras como ella, y que lo que la diferenciaba claramente era el compromiso de Palin contra la corrupción y el nepotismo galopante de la Administración de Alaska. O sea, más o menos lo mismo que ahora, en que el principal mérito que parece aportar a la candidatura republicana es su no pertenencia al stablishment de Washington, combinada con un estilo directo y franco que le permite contrarrestar el efecto de la magnífica oratoria de Obama.
Hay que reconocerle a Palin que tiene habilidad para las metáforas contundentes (lo del pitbull con pintalabios fue genial), pero a mí me pone un poco nerviosa que los medios de todo el mundo le sigan el juego en esto de que es como una madre de familia americana cualquiera metida en política, porque eso está lejos de ser verdad. Es posible que muchas madres americanas, puestas a parecerse a alguien, puedan identificarse más fácilmente con Palin que con la melíflua pijita entrada en años que es Hillary Rodham Clinton (¿se han dado cuenta que, como candidata, nunca recordó al mundo su apellido de soltera, cosa que no paró de hacer como primera dama?). Pero de esto a considerarla el prototipo de la madre americana ("Una americana 'normal'", titulaba La Vanguardia al día siguiente de la presentación del ticket republicano) va un trecho.
Aunque también puede ser que a mí no me emocione tanto como a algunos hombres periodistas ver que una madre de cinco hijos (incluida una adolescente embarazada y su novio con cara de espanto) no sólo tiene pañales y pasteles de manzana en la cabeza. La fascinación adivinada en tantos artículos por las cicunstancias familiares de Palin (que desgraciadamente tapan su radicalismo conservador) me recuerdan el comentario de una columnista sobre una entrevista que no leí a la pepera Cospedal, en la que al parecer el redactor consumía la mitad del espacio preguntándole por la inseminación artificial a la que se sometió.
Es verdad que en muchas candidaturas políticas femeninas sigue pesando mucho lo simbólico, en el show business norteamericano y aquí, pero siempre esperamos de los analistas que sepan ir más allá de las apariencias.
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15 de gen. 2008
Hibernando
Quince días de año nuevo, y yo sin escribir una línea. Algo no va como debería. Y hoy me siento tan profundamente triste que me gustaría ser un oso para poder hibernar hasta pasadas las elecciones. ¿Me entristece la política? No, en absoluto. La verdad es que el enfrentamiento Hillary-Obama me tiene absolutamente absorbida en mis lecturas matutinas y lo sigo con renovado interés.
Seguro que es algo hormonal. Hace años que llegué a la conclusión que, con Bush en el poder, y esa especie de hedonismo desesperanzado, posibilista, instalado el alma de todos quienes deberían presentar alternativas, lo único que empeora (o se recupera), semana a semana, es mi percepción. ¿Cómo lo decía aquel amigo? Un "entusiasmo desencantado". Será eso, o que tengo un presupuesto demasiado apretado para ir de rebajas.
Y, mientras, el COE poniéndole letra a los himnos (una marcha militar, no lo olvidemos), y Rajoy fichando al adalid del anticatalanismo empresarial (Pizarro, nombre de heroico conquistador) como futurible vicepresidente económico.
Lo dicho, quiero hibernar como un oso.
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Seguro que es algo hormonal. Hace años que llegué a la conclusión que, con Bush en el poder, y esa especie de hedonismo desesperanzado, posibilista, instalado el alma de todos quienes deberían presentar alternativas, lo único que empeora (o se recupera), semana a semana, es mi percepción. ¿Cómo lo decía aquel amigo? Un "entusiasmo desencantado". Será eso, o que tengo un presupuesto demasiado apretado para ir de rebajas.
Y, mientras, el COE poniéndole letra a los himnos (una marcha militar, no lo olvidemos), y Rajoy fichando al adalid del anticatalanismo empresarial (Pizarro, nombre de heroico conquistador) como futurible vicepresidente económico.
Lo dicho, quiero hibernar como un oso.
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