31 de des. 2008

El 2009 de Obama

Abundan estos días en la prensa artículos que compendian, no sin cierto pesimismo y escepticismo, los retos que deberá afrontar Barak Obama cuando tome posesión de su cargo como flamante presidente de los Estados Unidos el próximo 20 de enero. El escepticismo no se basa en la falta de capacidades del político, sino en el exceso de expectativas que varios analistas coinciden en ver puestas sobre él. Así lo señalaba el pasado domingo Paul Kennedy en El País, cuando afirmaba que "el equipo de Barak Obama, por muy listo, experimentado y maravilloso que sea, no puede satisfacer todas las esperanzas que han depositado en él todos esos estadounidenses alegres pero ansiosos" y hoy mismo Miguel Ángel Bastenier nos advertía desde las páginas de ese periódico que la opinión pública internacional, pero sobre todo la europea, "pone el listón tan desconsideradamente alto que el primer problema del entrante será que ninguna mejora llegará tan rápida ni tan dramáticamente como para que el mundo se sienta compensado por lo que deja atrás".

Bueno es que se pida prudencia respecto a los cambios que todos esperamos que conjure una actitud nueva de Estados Unidos en la arena internacional y otra forma de administrar internamente un país cuyos problemas nos afectan a todos, como ha puesto dolorosament en evidencia la actual crisis econímica. Otra cosa es el pesimismo que surge del análisis de la agenda política que tiene delante Obama, ese "esto es lo que hay" de Kennedy, en el que da por descontado que temas como las relaciones de EEUU con Latinoamérica, África y Europa quedarán relegadas a un segundo plano por los temas urgentes: China, Rusia, el sur de Asia y los países árabes. Como presupone que en este panorama, y ocupado por asuntos internos como la respuesta a la crisis financiera, poco o nada se ocupará de la ONU y de las necesarias reformas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

No es nada descabellado pensar que dar una salida razonable a la ocupación de Iraq o afrontar los problemas de la intervención en Afganistán van a ser las máximas prioridades del nuevo presidente desde su toma de posesión. Y seguramente es cierto, como afirma Paul Kennedy, que Estados Unidos no está en disposición de enviar 250.000 soldados a África durante los próximos 10 años para acabar con los conflictos armados del continente. Pero es que el cambio que, al menos algunos, esperamos de Obama es que deje de pensar en la acción internacional de su país sólo en términos de intervención militar o, como también sugiere Kennedy, en una imposición de reglas comerciales a la medida de sus intereses. No se trata de seguir actuando de una forma prepotente y arrogante pero con unos objetivos más humanitarios que los que haya estado persiguiendo George W. Bush y su Administración. Se trata de cambiar las reglas del juego, incluso de cambiar de juego y, sobre todo, de jugadores.

¿Puede la nueva Administración norteamericana plantear unas nuevas relaciones con Rusia sin construir un nuevo marco de relaciones con Europa y la Unión Europea? ¿Puede Obama dejar en un segundo plano de su política internacional las relaciones con una potencia emergente como Brasil que está asumiendo un claro poder de liderazgo en América Latina? ¿Puede el mundo entero, con Estados Unidos a la cabeza, dar respuesta a conflictos como los de Iraq, Afganistán o Palestina sin reforzar un multilateralismo que podría tener en la ONU un instrumento útil si se emprenden las necesarias reformas? Al fin y al cabo, este organismo podría ser un magnífico foro para ese diálogo con todos que el propio Obama ha declarado que quiere que sea piedra de toque de su política internacional.

El mismo día 26 y también en El País John Carlin recogía unas palabras del comentarista político de The Nation William Greider que parecían dirigidas al análisis de Paul Kennedy. Según Greider, diplomáticos y columnistas son claros ejemplos del sentimiento de "manifiesta superioridad" común a la mayoría de norteamericanos y que les hace sentir "que somos la mejor esperanza para el mundo, de que nuestro papel natural consiste en dirigir el destino del planeta". Si como espera Greider, y con él medio mundo, Obama es capaz de cambiar esto y dotar la acción internacional de su Gobierno de humildad, además de firmeza, las cosas pueden cambiar bastante (aunque el silencio ante la masacre israelí en Gaza no sea, como se ha apuntado ya, un buen indicio inicial).

El largo y detallado perfil que Carlin traza del presidente electo de Estados Unidos alimenta más si cabe las expectativas, al subrayar la gran seguridad que Obama tiene en sí mismo y en sus convicciones, y su gran capacidad para escuchar y para rodearse de personas más preparadas e incluso más inteligentes que él. Vale, quizás no lo consiga cambiar todo en pocos meses, pero seamos serios, con McCain y Palin habríamos tenido muchas más razones para el escepticismo y aún más para el pesimismo.
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26 de des. 2008

Parábolas

He vuelto a ver la película El perfume y me he preguntado de nuevo cuál es la parábola que se esconde detrás de una obra que me inquieta. ¿Qué nos cuenta esa historia del hombre que destila perfumes de los cuerpos inertes de bellas muchachas a las que mata pero no intenta poseer, como si atrapando su olor pudiera tener algo del amor que la vida le niega?

Nunca leí la novela de Peter Süskind, pero me impresionan esas manos sucias que esparcen morosamente la grasa sobre el lienzo blanco preparado para recibir el cuerpo ligero de la próxima virgen; me admira la agilidad felina del protagonista, deslizándose en la oscuridad en busca de sus presas, y esa pasión obsesiva que transmite casi sin gestos, sólo con la fuerza de la mirada. Pero, sobre todo, me pregunto por el sentido profundo de este cuento, que siento que se me escapa. ¿Se burla el autor del amor?

Grenouille, el asesino, obtiene cruelmente, causándoles la muerte, algo único de sus víctimas: su olor esencial. Y hay momentos en que esa obsesión homicida se nos antoja admirable, porque parece saber apreciar y valorar más que nadie algo que todos tienen delante de sus narices (ninguna expresión común sería aquí más precisa) y no saben ni siquiera distinguir. En la película, esa mirada fija y sin miedo de Laura a su asesino justo antes del último aliento parece surgir de cierta complicidad: ¿cómo no preferir ser la nota final de ese perfume magnífico antes de verse forzada a contraer matrimonio con el aristócrata petrimetre a quien su padre quiere entregarla?

Pero hasta la muerte de esa última virgen, pelirroja como la dama de las ciruelas con la que Grenouille descubrió su deseo por el olor femenino, la historia no es más que la narración de la obsesión asesina de un hombre privado de amor desde la cuna. Sin embargo, la historia gira al pie del patíbulo, cuando cientos de personas caen rendidas ante Grenouille a quien apenas unas gotas de ese perfume destilado de trece cadáveres de doncella transforman en ángel a los ojos de la gente. Y la pasión del perdón se resuelve en orgía desenfrenada. ¿Surge el desenfreno del olor destilado por la muerte? ¿De qué se rie Süskind, de nuestra incapacidad de amar, de nuestras represiones, o de nuestro grotesco sentido de la justicia? Su asesino transgresor lleva a la plaza pública lo que normalmente se mantiene oculto, el sexo, y se salva así de lo que es impúdicamente público, la ejecución de su sentencia de muerte.

La metáfora final es aún más salvaje. Grenouille vuelve al pobre barrio de París donde nació y, derramando todo el perfume sobre su cuerpo, provoca que los andrajosos desposeídos que lo pueblan lo devoren en su afán por conseguir un pedazo de ese ángel maravilloso en que lo ven convertido. ¿Nos devora el amor cuando no somos capaces de amar? ¿No es la colección de olores esenciales de Grenouille como esos viejos recuerdos que llevamos pegados a la piel de personas a las que conocimos y creímos amar, aunque quizás en realidad nunca fuimos capaces de hacerlo?

Resulta difícil sustraerse a la magia perversa de una obra donde el psicópata es casi un héroe equívoco, arrojado a los desperdicios por una madre miserable, marginado y explotado desde niño, brillante hasta la manía en sus capacidades y dones (su genial sentido del olfato), despiadado com sólo pueden serlo quienes jamás han recibido piedad alguna. Un demonio que se da muerte a sí mismo con aquello que le hubiera permitido precisamente sobrevivir, su perfume perfecto, porque ¿qué nos queda cuando ya hemos alcanzado todos nuestros sueños?
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3 de des. 2008

Bassat

¡La conexión emotiva ha muerto! Bueno, quizás sea un poco exagerado expresarlo así, pero lo que nos ha dicho esta mañana Lluís Bassat se le acerca bastante. En tiempos de crisis, los consumidores tienden a meditar mucho más sus decisiones, y la publicidad basada en estilos de vida no aporta razones significativas para guiar esas decisiones. Eso a parte del problema consanguineo a cualquier moda creativa: que todos los anuncios acaban pareciendo el mismo, o que a base de querer mostrar sensaciones en lugar de ofrecer argumentos devienen en metáforas totalmente incomprensibles. Para ejemplo, el anuncio de un móvil que estos días emiten varias televisiones y que ofrece por toda imagen dos pies enfundados en zapatillas deportivas que se elevan levitando desde un suelo encharcado por la lluvia; si no recuerdo mal, el eslogan dice algo así como que si quieres vivir cada día cosas sorprendentes te compres el móvil en cuestión (que, por cierto, no se muestra en un solo fotograma del anuncio).

"Llevo 30 años en esta profesión", decía esta mañana Bassat, "y, a veces, cuando acabo de ver un anuncio en TV me dan ganas de llamar por teléfono y decirles 'vuelvan a pasarlo, por favor, que no he entendido nada'". Creo que no es el único al que le sucede, aunque respecto a ciertos productos y ciertas marcas, igual salimos ganando si ni se entienden los anuncios ni se vende el producto.

Bassat ha dicho muchas más cosas interesantes, que dan para futuras entradas.
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25 de nov. 2008

Què fas?

Què podem fer quan els nostres sentiments i els nostres desigs van per una banda i les nostres circumstàncies van per una altra? Què podem fer si no sabem avenir-nos al que tenim i la passió pel que volem ens aclapara per la seva intensitat? Com es pot acceptar viure una vida sense amor perquè el nostre sentiment amorós per l'impossible és tan intens que ens encega i quasi no ens deixa ni respirar?

Fa tant de temps que em sento així que ja no recordo com és viure d'una altra manera. Els dies passen i jo em llevo cada dia dient-me "avui sí, avui una passió nova, possible i compartida, desplaçarà del meu horitzó el vell objecte de desig, omplirà l'espai de llum nova", però els dies passen i el meu únic horitzó són aquells ulls que no em miren i el meu únic desig una proximitat que m'és negada.

Per què, de sobte, necessitem escriure les nostres més doloroses i íntimes frustracions? De vegades penso que és per alleujar el dolor, per mirar-ho com si li estés passant a un altre i distançar-nos-en. Però més sovint penso que és un crit, un missatge en una ampolla que tenim l'esperança que sigui trobat, llegit i desxifrat per aquell qui ens causa tan intens dolor.

Segurament és les dues coses alhora: un crit de ràbia i impotència, un crit d'auxili. També és la necessitat de mirar cap endins enmig d'aquest mar de banalitat malaltissa en el qual ens toca viure. Què ens queda quan perruqueres i sociòlegs coincideixen a preocupar-se per la "ridícula" decisió (sociòleg dixit) de no enllumenar els carrers de la ciutat en benefici de l'austeritat i l'estalvi energètic? Què queda si no pots ni abraçar el teu somni ni oblidar-lo?

20 de nov. 2008

Maravillada

¿Por qué será que al masoquismo con cuero lo llaman "vicio" y al masoquismo con hábito lo llaman "santidad"?

Humíllate, sométete y estarás más cerca de Dios, pregonaba sor Maravillas, y Bono hoy debe sentirse mucho más cerca del Altísimo, porque le han humillado los medios, que han difundido sin pudor su irritación verbal (la de Bono) hacia los compañeros del PSOE que se oponían a que una cámara que aún no ha resarcido su deuda moral y legal con las víctimas de la represión franquista homenajeara con una placa honorífica a una beata canonizada por oler a nardos y haber sido "perseguida por los rojos" durante la Guerra Civil.

Posiblemente mi cinismo sea injusto, pero esa supuesta "persecución" fue, cuando menos, poco eficaz y no parece que hubiera dejado más secuelas que los cilicios, porque la monja murió en 1971, en su cama, tras más de 30 años predicando su fe, una parte de los cuales oponiéndose con fervor a la apertura propiciada por el Concilio Vaticano II. No puedo ni imaginarme que tipo de torutras se hubiera podido autoinfligir sor Maravillas por mor de expiar el pecado de la Teología de la Liberación. Si es lo que dice Bono: "una santa, hijos de p..., que no os enteráis". Claro, estamos todos obcecados por esas más de 100.000 víctimas de la represión franquista (o sea, muertos, porque las víctimas de la falta de libertades, de la represión cultural y política, del abuso de poder fueron muchos millones de personas) y por eso no somos capaces de reconocer e inclinarnos ante la santidad cuando la tenemos delante de las narices.

Y es que somos imposibles. Le pedimos a la Reina que se calle, como si sólo fuera un símbolo anacrónico, cuya opinión no nos interesa, dado que la nuestra tampoco es tenida en cuenta para decidir quién puede ser el mejor Jefe del Estado; no nos impresionan los milagros y nos creemos que las enfermedades las curan hombres y mujeres tan cínicos pero menos ocurrentes que House llamados médicos
y que trabajan en hospitales bastante más cutres que los de las series norteamericanas; abrimos los micrófonos y escudriñamos que dicen los políticos cuyo sueldo pagamos y a los que, encima, les pedimos que sean referentes sociales, como si dedicarse a la política con un sueldo público acarreara responsabilidades éticas (Gil tiembla en su tumba sólo con el murmullo de esta palabra). Vamos, que somos incorregibles.

Suerte que sor Maravillas rezará por nosotros ahí en el paraíso de los buenos, pues ¿qué mayor humillación y sometimiento que intentar salvar para la vida eterna a su lado a unos descreídos de nuestro calibre?
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17 d’oct. 2008

¿Valores?

Como señalaba Rosa Montero en El País hace un par de días, en todas las columnas, artículos, editoriales, blogs, el tema recurrente del que hablamos uno y otros es la crisis. Se habla de ella por sus dimensiones, por su impacto, pero sobre todo se habla de su origen, del que difícilmente encontrariamos precedentes. Esta no es una crisis como las de antes. No ha habido un encarecimiento inesperado de una materia prima vital para el funcionamiento del sistema (pongamos el petróleo, que precisamente con el estallido de la crisis no ha hecho más que abaratarse). No ha habido una caída brusca de la demanda y del consumo que generara el parón de uno o varios sectores, ya que, al contrario, la caída del consumo es consecuencia de la crisis y no su origen (aunque sin duda la empeora y extiende a lo largo y ancho del tejido económico).

Esta es, sobre todo, una crisis de valores. ¿Valores? Sí, porque teníamos una economía recalentada en la que muchos beneficios se basaban en mentiras y en algo muy parecido a la usura, que no es otra cosa que abusar de la posición de poder que da la riqueza material para seguirse enriqueciendo a costa de los más pobres, sin atender a los más mínimos principios de solidaridad humana.

No me tachéis de moralista, pero en cada una de las actitudes que han conducido al desastre, en cada uno de los eslabones de la cadena, hay valores cuando menos cuestionables que han campado por sus respetos en un entorno de tolerancia social que ahora mismo debería llevarnos a alguna reacción más que el decir enfáticamente (y con toda la razón) "¡Qué morro tienen!". La maquinaria económica se ha vuelto muy compleja, es difícil de comprender para la mayoría de nosotros, pero que un alto ejecutivo de una empresa gane 200 veces más que uno de sus trabajadores, o cobre 160 millones de dólares de indemnización si le echan por mala gestión, es injusto e inmoral, haya crisis o no la haya. Los accionistas no deberían permitirlo, la prensa debería denunicarlo, y la sociedad debería castigar con su rechazo a aquellas corporaciones en las que se produjeran estas prácticas. El presidente de una compañía que justifica un fin de semana de lujo para los ejecutivos de una empresa que acaba de ser rescatada con dinero público "porque se trata del pago de incentivos pactados previamente" debería encontrar no sólo críticas en la prensa o en la calle, debería quedar señalado profesionalmente como un irresponsable al que ninguna empresa seria debería querer tener en su staff, ni ahora ni en el futuro.

Pero como sucedió hace años en España con los arribistas de pelo engominado, este tipo de actitudes no sólo no son frontalmente rechazadas por todo el conjunto de la ciudadanía y de los agentes sociales, sino que, para muchos, esos ejecutivos triunfadores de la especulación y el abuso han sido (y aún siguen siendo) modelos a seguir.

Leyendo sobre la crisis estos días no he podido dejar de recordar un fragmento de la novela Lo que queda del día, de Kazuo Ishiguro (que muchos más recodaréis como una película protagonizada por Anthony Hopkins). En ese fragmento un grupo de dandies ingleses seducidos por el nazismo triunfante en la época en que se desarrolla la historia somete al protagonista del libro, el mayordomo Stevens, a un extraño interrogatorio que no tiene otro objeto que demostrar la ignorancia del pueblo llano sobre cuestiones cruciales de política y economía y, por tanto, la que ellos consideran perversión de la democracia parlamentaria, que el poder dependa del voto de hombres sencillos. La ironía de Ishiguro es que nos muestra a un Stevens que se siente obligado a fingir ignorancia, porque entiende que ese es el servicio que su patrón espera de él hacia los invitados: "...enseguida vi de que iba la cosa; es decir, se trataba claramente de que yo me sintiera aturdido por la pregunta. De hecho, en el poco tiempo que tardé en percibir aquello y en forjar una respuesta conveniente, incluso puede que hubiera llegado a dar la impresión externa de estar palpitando con la pregunta, porque puede ver como todos los señores de la sala intercambiaban sonrisas divertidas".

El poderoso quiere al dominado ignorante y sumiso, pero el humilde, como el Stevens de la historia de Ishiguro, con frecuencia se acomoda a esa pasividad y se protege en ella, como el caracol en su caparazón, para eludir tomar partido y ejercer una crítica que le obligaría a asumir decisiones difíciles. Aunque no le agrada, aunque lo considera injusto, el mayordomo despide sin una queja a las doncellas judías para satisfacer a los amigos alemanes del patrón filo-nazi.

El consumo exacerbado, el enriquecimiento fácil y rápido, el conformismo ideológico, el mirar para el otro lado en lugar de tomar partido son signos de nuestro tiempo. Todo tiene que ser fácil, rápido y digerible. ¿Podemos enfrentarnos a una crisis y evitar las próximas con estos valores?

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14 de set. 2008

Sarah Palin y la censura

Acabo de leer una interesante discusión entre internautas sobre unos supuestos intentos de Sarah Palin de retirar libros de la biblioteca pública "por su lenguaje inadecuado" cuando era la alcaldesa de la ciudad de Wasilla (Alaska), cargo que ocupó entre 1998 y 2000. La noticia fue publicada por la revista Time y reproducida en el blog Contemporary Literature. Curiosamente, buena parte del debate se centra sobre la veracidad de la lista de libros que, aparentemente, Palin quiso prohibir, dado que en ella se incluyen los cuatro primeros títulos de la serie protagonizada por Harry Potter y hay un baile de fechas sobre las ediciones americanas que, para muchos, demuestra que la acusación no es verosímil. Sin entrar en la lista de obras, el Time da por hecho que las presiones sobre los bibliotecarios existieron.

Lo cierto es que, más allá de lo lamentable que resulta la mera posibilidad de que una candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos pueda estar a favor de prohibir libros en una biblioteca pública, el artículo del Time es sólo aparentemente crítico, ya que acaba reconociendo que las acciones de Palin como responsable política local no eran más que la punta del iceberg de un creciente conservadurismo que se ha ido extendiendo por toda la comarca y por toda Alaska. Incluso detalla que, en temas como el aborto o las bodas homosexuales, a los que Palin se opone duramente y sin resquicios, su competidor en la carrera electoral para ser gobernadora de su Estado mantenía posturas tan conservadoras como ella, y que lo que la diferenciaba claramente era el compromiso de Palin contra la corrupción y el nepotismo galopante de la Administración de Alaska. O sea, más o menos lo mismo que ahora, en que el principal mérito que parece aportar a la candidatura republicana es su no pertenencia al stablishment de Washington, combinada con un estilo directo y franco que le permite contrarrestar el efecto de la magnífica oratoria de Obama.

Hay que reconocerle a Palin que tiene habilidad para las metáforas contundentes (lo del pitbull con pintalabios fue genial), pero a mí me pone un poco nerviosa que los medios de todo el mundo le sigan el juego en esto de que es como una madre de familia americana cualquiera metida en política, porque eso está lejos de ser verdad. Es posible que muchas madres americanas, puestas a parecerse a alguien, puedan identificarse más fácilmente con Palin que con la melíflua pijita entrada en años que es Hillary Rodham Clinton (¿se han dado cuenta que, como candidata, nunca recordó al mundo su apellido de soltera, cosa que no paró de hacer como primera dama?). Pero de esto a considerarla el prototipo de la madre americana ("Una americana 'normal'", titulaba La Vanguardia al día siguiente de la presentación del ticket republicano) va un trecho.

Aunque también puede ser que a mí no me emocione tanto como a algunos hombres periodistas ver que una madre de cinco hijos (incluida una adolescente embarazada y su novio con cara de espanto) no sólo tiene pañales y pasteles de manzana en la cabeza. La fascinación adivinada en tantos artículos por las cicunstancias familiares de Palin (que desgraciadamente tapan su radicalismo conservador) me recuerdan el comentario de una columnista sobre una entrevista que no leí a la pepera Cospedal, en la que al parecer el redactor consumía la mitad del espacio preguntándole por la inseminación artificial a la que se sometió.

Es verdad que en muchas candidaturas políticas femeninas sigue pesando mucho lo simbólico, en el show business norteamericano y aquí, pero siempre esperamos de los analistas que sepan ir más allá de las apariencias.
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1 de set. 2008

Vacances (i 3)

Em sembla increïble que ja hagi passat un mes i que se m'hagin acabat les vacances. El meu agitat agost m'ha passat volant, potser perquè m'ha tocat anar amunt i avall resolent temes familiars, però m'ha faltat aquella intensitat que et donen els llargs viatges i els canvis forts d'entorn. M'ha servit, això sí, per a descobrir un autor que no coneixia, el japonès Haruki Murakami, de qui he llegit el darrer llibre publicat aquí, Sauce ciego, mujer dormida. Alguns dels contes del llibre m'han semblat fascinants, com La tía pobre —que m'ha recordat molt Millàs, per aquesta situació entre màgica i absurda sobre la que gira la narració— o com Los gatos antropófagos. També em sorprèn i m'admira la seva capacitat de fer un conte a partir d'un fet nimi, d'una situació en la qual no passa absolutament res, com a Un día perfecto para los canguros. Em fa pensar en la pintura abstracta, perquè no hi ha una història —amb plantejament-nus-desenllaç—, sinó pinzellades de realitat que tenen color, volum, textura, però no una moralina, ni tan sols una interpretació d'aquesta realitat. No són contes rodons, sinó mapes oberts dels quals no es veuen els límits.

Molt interessant. Molt més que la Muriel Barbery, de qui llegeixo La elegancia del erizo. Però d'això ja en parlaré demà. Ara cal dormir, que demà he d'anar a treballar.

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19 d’ag. 2008

Vacances (2)

Em diu un amic músic que segurament jo expresso la meva sensibilitat escrivint, de la mateixa manera que ell ho fa component les seves cançons. Jo, en canvi, no estic molt segura que les meves paraules sàpiguen dir les meves emocions; més aviat em serveixen per sublimar els meus dimonis interiors: els dubtes angoixants, els desamors, aquella sensació recurrent de ser fora de lloc i d'anar contra el temps... Escriure és l'única forma que sé d'ordenar el meu pensament, d'arribar a entendre una mica el que m'emvolta i els qui m'envolten, tot i que m'adono que sovint, arrossegada per la necessitat de donar un ordre lògic a les meves frases, sóc incapaç de trobar les paraules que expressin totes les dimensions de la comprensió intuitiva i sensorial.

Em passa precisament amb la música, i de vegades també amb les obres plàstiques, que no sempre es deixen atrapar fàcilment en la xarxa de la racionalització. Escriure d'art, de qualsevol art, és con una mena de gimnasia: per arribar a expressar en paraules allò que sents cal entrenar-se cada dia, per copsar l'ànima de les obres creatives —però també la de les coses mundanes— cal arrancar-ne, tel a tel, la pell supèrflua, i per fer-ho cal esmolar cada dia les ungles de la sensibilitat i de la imaginació.

Diu Juan José Millàs, en la seva celebrada biografia de Catalina, la seva mosca del vinagre, que els gens —la majoria dels quals els humans compartim amb la humil mosca— li recorden les lletres de l'alfabet, perquè amb les mateixes lletres pots escriure el Quixot o una circular del Ministeri de l'Interior. La metàfora em sembla fascinadora. Tant com la idea que dues ratlles que se separen a penes un milímitre just després de creuar-se poden arribar a distanciar-se milers de quilòmetres si les allarguem prou. Ara sabem que les mosques i la majoria d'animals tenen una estructura genètica molt similar, però segurament en algun moment de la història les nostres línies de desenvolupament es van separar una mica —potser molt i molt menys d'una centèssima de milímetre— i això ens va fer tan diferents. O potser no ho som tant, de diferents.

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3 d’ag. 2008

Vacaciones (1)

El viernes empecé mis vacaciones y, aunque me había propuesto hacer cuando menos una entrada diaria, arranco tarde esta serie de reflexiones veraniegas. He estado entretenida montando un pequeño video casero sobre el western en el que participaron mis hijos en el club donde aprenden a montar a caballo, pero también disfrutando de la lectura pausada de novelas y periódicos, que es algo que durantge el curso no siempre puedo hacer con la asiduidad y la tranquilidad que quiero.

En esas lecturas me he encontrado con un par de artículos sobre un tema al que he estado dando bastantes vueltas en los últimos meses: mujeres y poder. Como recuerda Joana Bonet en La Vanguardia, el empeño de Rodríguez Zapatero por un gobierno paritario y la apuesta de Rajoy por la renovación del PP y su distanciamiento de etapas precedentes, han propiciado que las mujeres alcancen en nuestro país cuotas de poder político sin precedentes en nuestra historia. Más allá de nuestras fronteras, la confrontación Clinton-Obama por la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos ha favorecido también la reflexión sobre sexo y poder. Yo, como muchos otros, también me he preguntado hasta qué punto el sexo de Hillary determina formas concretas y quizás distintas de hacer política, y hasta qué punto eso podía influir (para bien o para mal) en su elección.

Al final, si el sexo de Hillary tuvo alguna influencia, está claro que fue más bien negativa, porque perdió su candidatura. Y no me atrevería a asegurar, aunque otros son menos prudentes que yo, que su condición de mujer tuviera nada que ver con sus prolongadas reticencias a admintir la derrota.

Yo estoy con Bonet cuando afirma que el juicio sobre la manera femenina de hacer las cosas "se ve oscurecida por un montón de estéreotipos", tópicos que nublan con frecuencia el pensamiento. Yo diría, además, que esas diferencias, si existen, son irrelevantes en términos políticos y sociales. Estoy segura que las diferencias que marcan la singularidad de cada persona —su carácter fuerte o débil, su capacidad de diálogo, su formación, su inteligencia...— pueden llegar a ser mucho mayores que las similitudes o estilos tendenciales que puede marcar el pertenecer a uno u otro sexo.

En la alabanza de ciertas supuestas cualidades que adornan a la mitad de la Humanidad a la que pertenezco se esconde con frecuencia más paternalismo misógeno que sincera admiración por nuestros supuestos méritos ancestrales.

Más cierto es que, por educación y práctica social, unos suelen exceder en la ambición y empeño por el poder que a otras les (nos) falta. Nos queda mucho por avanzar en esta línea, porque estoy segura que, una vez alcanzada la equidad en el terreno de los derechos teóricos —situación de historia cortísima, porque como nos recuerda Bonet sólo hace 77 años que Clara Campoamor tuvo que batir la resistencia de los hombres progresistas del Congreso de los Diputados para lograr el voto para las mujeres—, ahora nos toca mover ficha a nosotras.

Hay que promover la afiliación de las mujeres a los partidos políticos y su participación activa en entidades sociales y representativas, porque sólo desde una participación paritaria en la base podrá alcanzarse en las cúpulas una paridad que sea, al mismo tiempo retrato de la realidad plural de los partidos y selección de sus mejores hombres y mujeres.

Pero este es el lado fácil de la igualdad (y no podemos desanimarnos por ese escaso 17,7% de mujeres parlamentarias en todo el mundo, que no deja de representar un avance). Donde creo que el tema se hace más complejo es en las cúpulas de las empresas. La maternidad y el networking —elemento clave de la gestión de una carrera profesional— casan mal, y aunque por ahí corren algunas superwomen que han logrado alcanzar notable éxito en compatibilizar vida familiar y éxito laboral, la mayoría sobrevivimos con un pie en cada mundo y con mucho working y poco net.

Esperemos que las nuevas generaciones de mujeres sigan avanzando por el camino que marcaron quienes nos precedieron.
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30 de jul. 2008

Anuncios y despedidas

Titulas una entrada Garrapatas y aparece automáticamente un anuncio sobre trampas para plagas caseras, hablas de ONG y corres el riesgo de que aparezca en tu blog el adword de aquella organización de la nunca te harías socio porque no te merece ninguna confianza... Son las cosas de Internet.

Tenía abandonados mis Escrit(o)s, porque han ocupado mi tiempo las despedidas de algunos amigos (Pere Prat, Johnny Griffin) y las prisas y calores del cierre de curso, además de algún que otro accidente casero. También me dio trabajo una reflexión sobre una fuente destrozada por el vandalismo post-Eurocopa que se cebó en mi ciudad, como en otras de toda España, aunque el tema de fondo no era ese, sino la desmemoria de las urbes y sus gestores, y como la falta de compromiso con el patrimonio (no sólo con su higiene, sino también con su sentido, con su logos) puede llegar a ser tan destructivo como el pathos que arrastra a las personas ocultas en una masa y nubla su juicio social. ¡Ui, qué pedante me ha quedado!

El viernes empiezo mis vacaciones y tengo intención de frecuentaros más. Así que estad atentos.
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22 de juny 2008

Garrapatas

Esta mañana he encontrado detrás de la oreja de mi perro dos pequeñas garrapatas. Más allá del enorme asco que estos bichos me producen y de la molestia que le suponen a mi mascota, lo evoco por lo insólito del espectáculo, ya que he visto como uno de los insectos estiraba sus patas, casi siempre invisibles, como en un extraño gesto de distensión, mientras permanecía agarrada con sus mandíbulas a la carne del can.

No me preguntéis por qué, pero no he podido evitar pensar que la infrecuente imagen que me ofrecía ese parásito era como una metáfora de la crónica del congreso del PP que acababa de leer. Aunque no sé si el extermio radical con el que me he apresurado a proceder por el bien de mi mascota sea acaso comparable a la renovación de la ejecutiva que ha llevado a cabo Rajoy. Pero lo cierto es que yo, que jamás votaré al Partido Popular, porque sus bases ideológicas y sus propuestas son la antítesis de mi concepción de un Estado y de una sociedad progresista y moderna, justa e igualitaria, he sentido estos días una inevitable solidaridad con el líder popular y, lo reconozco, un enorme alivio al ver que perdían cuota de poder en el partido conservador los aznaristas y el propio presidente de honor de esta formación política.

Y, sí, lo confieso, me resisto a nombrar a ese tipo con bigotito que se las da de gran estadista pero se dedica a maniobrar sin dar la cara, a socavar las opciones que él no quería que sus sucesores asumieran, pero sin lograr, por otro lado, construir una alternativa. Me resisto a dar una razón más a los buscadores informáticos para encontrarle y elevar en la red una relevancia de su nombre que sus ideas no merecen. Acabé asqueada de ocho años de "conmigo o contra mí" y os propongo eso: un pacto de silencio para no nombrarle nunca más, ni siquiera para criticarle; un pacto para situarle a él a la altura de la irrelevancia de su inicuo pensamiento. Será éste un pacto que hará innecesario el "¿Por qué no te callas?", porque le cubriremos de silencio hasta hacerle desaparecer. ¿Qué os parece?

Aunque me temo que un entomólogo me diría que para exterminar a las garrapatas hay que usar métodos más contundentes que silenciar su nombre.
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19 de juny 2008

Lo nuevo y lo que permanece

Estoy sentada en mi cama, escribiendo esta entrada en un portátil conectado a Internet mediante wi-fi, y a poco que lo piense me daré cuenta de lo insólito que a todos nos hubiera parecido este mismo acto hace apenas diez años. Sin embargo, también a través de Internet, leía hace un par de días unos textos sobre equitación del siglo XVII y, salvando la distancia del lenguaje, me daba cuenta de que la relación que se establece entre un jinete y su caballo es ahora la misma que hace 400 años. Y es algo que se produce despacio, que exige su tiempo, que tiene su base en el mutuo conocimiento, en la psicología del animal y del ser humano; es algo que aprende el cuerpo casi sin que se dé cuenta el cerebro, que no tiene tanto que ver con pensar como con sentir y comprender a través de la piel, de la tuya y de la de la bestia. Ninguna tecnología suple esto (aunque la tecnología me ayude a compartirlo con vosotros) y quizás por esto me gusta tanto este deporte, porque pertenece a un tiempo en que el tiempo no tenía importancia y en el que lo más importante no es lo que tú puedes hacer contra otro (un contrincante, el tiempo que te persigue...), sino lo que puedes hacer con otro: tu compañero, el caballo.

En la doma, como en el salto, tus competidores no son en realidad los otros binomios que participan en la prueba; en realidad, todos luchan para acercarse lo más posible a la perfección, cada binomio se enfrenta a sí mismo, a sus propios límites, y trabaja para superarlos. Eso es algo que entiendes enseguida cuando montas, y que yo sentía vivamente esta tarde. No importa cuán bien o cuán mal otro caballo y su jinete hayan saltado ese obstáculo que tienes delante; a ti en ese momento lo único que te importa, lo único que te puede importar, es que tu caballo salte bien y que tú estés a su altura. Y cuando consigues vencer tus propios límites, estás satisfecho incluso aunque otro competidor te supere.

Se puede argüir que eso sucede en otros muchos deportes, pero en realidad sólo sucede en un puñado de disciplinas, casi todas individuales: gimnasia, atletismo, montañismo... Todos deportes antiguos, primitivos casi, heredados de épocas en las que la superación personal era más importante que el triunfo, donde lo preciso se valoraba tanto o más que lo eficaz, épocas en las que llegar no era tan importante como el viaje.

Hoy siempre tenemos prisa, pero encima de un caballo para mí el tiempo se detiene.
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10 de juny 2008

Comiat

Estic una mica trista, perquè avui (bé, de fet , ahir) s'ha acabat el curs que he estat fent tots els dilluns a Esade els darrers tres mesos. Ha estat dur, perquè era molt intens i hem hagut de fer un treball en grup bastant feixuc, però sé que anyoraré els companys que hi he trobat. Hem fet el comiat en un lloc genial, Can Bonastre, una antiga masia reconvertida en wine resort, on m'agradaria passar molts caps de semana, si la meva economia estés a l'alçada del luxe que allà es proposa.

Hi hem anat perquè una de les companyes del curs és la copropietària del negoci, que porta amb el seu germà. Un entorn preciós per descansar i per estimar. Molt recomanable la visita (sempre tens l'opció d'anar-hi només a dinar o a una sessió a l'spa). Per ser perfecte, només li falten cavalls.

Tornant al curs, la presentació del treball no ens ha quedat massa bé, segurament perquè ens vam equivocar d'estratègia en un tema tan feixuc, però m'han felicitat per la meva intervenció, així que l'ego ha quedat content. Ara ja puc dir que sóc tota una directora de comunicació en potència. Però demà, si aconsegueixo aixecar-me, seguiré sent la que treballa a IO fa ja 13 anys. (Per cert, i recordant el meu parèntesi d'un any a Ingesco, avui a Esade m'he trobat amb el Carles Ylla!!! Quines voltes dona la vida!!)
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7 de juny 2008

Somos lo que decimos

Escribía el otro día en mi libreta de tren —esa que llevo en el bolso siempre y que lleno de garabatos cuando me toca esperar más de diez minutos— que ahora en mi profesión (la comunicación corporativa) se habla mucho de emociones. Todos los publicistas te cuentan que para conectar con el público lo que hay que hacer es hablar a su corazón y no a su cabeza. Pero a mí, todo eso, me parece algo manido y vacío de contenido, algo así como confundir la feminidad con vestirse de rosa y ponerse blusa con volantes.

Me interesa mucho más el poder de las palabras para construir nuevas realidades, para imaginar futuros. Nombrar las cosas es darles vida, y nombrar nuestros ideales es el primer paso para alcanzarlos y hacerlos realidad. La palabra justicia es sin duda anterior a su aplicación real a la vida de las personas —tan precaria aún hoy, cuando la injusticia se ceba sobre millones de seres humanos— y muy anterior a que ese valor se asentara como base de la sociedad.

En este sentido, me ha parecido estupendo el ejemplo que ponía Manuel Rivas hoy en su columna:

"Cuando Ramón y Cajal decidió adentrarse en el estudio del cerebro humano, no dijo para la ocasión: '¡A ver cómo anda el tarro!'. Escribió: 'Sentía yo entonces vivísima curiosidad por la enigmática organización del órgano del alma'. Formulado así el asunto, las neuronas se le mostraron en toda su elegancia."

No podía ser de otro modo. ¿Quién podía ver más claras las huidizas sinapsis que aquel que sabía tejer con los sutiles e invisibles hilos de la emoción la descripción de una investigación científica?

La emoción de los publicistas es otra cosa. Es como el caramelo que das al niño para hacerlo feliz, con una felicidad rápida y sin complicaciones. Los caramelos están bien, pero en exceso producen caries.
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6 de juny 2008

La ilusión por la política

Decía ayer Lluís Bassets en El País (El regreso de la pasión política) que las primarias demócratas en los Estados Unidos han tenido el mérito de dinamizar la política norteamericana y hacer más visible (y, por ello, seguramente más saludable) el proceso de regeneración que supone para la democracia un período electoral.

En este sentido, no es sólo la oratoria brillante de Barak Obama y su frescura lo que ha potenciado la recuperación de la ilusión, sino también la lucha denodada que ha ofrecido Hillary Clinton ante un adversario inesperado, que le ha arrebatado la candidatura a la primera mujer que llegaba a unas elecciones en Estados Unidos con posibilidades reales de aspirar a la presidencia del país, o por lo menos a competir por ese puesto contra el candidato republicano.

Esa confrontación directa y a muerte entre los dos aspirantes demócratas ha sido buena mientras el proceso de primarias se mantenía abierto y tanto Obama como Clinton tenían posibilidades reales de lograr el objetivo de la nominación. Sin embargo, el empecinamiento mostrado por Clinton en las últimas horas, y su resistencia a reconocer que su oponente demócrata la había superado de forma definitva en las primarias, resultan un punto decepcionantes. Esperaba un gesto más humano, más generoso, que tuviera más en cuenta que la mayoría de los simpatizantes y militantes demócratas han preferido a Obama. Una esperaba que Hillary no usara sus 18 millones de votos, como algunos señores usan sus atributos masculinos, poniéndolos con un golpe sordo sobre la mesa: 'Por mis millones...'

Hasta ayer la lucha sin cuartel animaba y enriquecía la campaña, desde ayer parece sólo una extenuante competición por arañar las máximas cuotas de poder posibles. En todo caso es cierto, que seguir todo este proceso ha sido, y es, emocionante. Más, con seguridad, que el estomagante proceso precongresual del PP.
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25 de maig 2008

Retorno

Llevaba meses sin escribir aquí y ahora lo hago porque después de pelearme con la técnica denodadamente he conseguido que funcione mi router inalámbrico y, por fin, puedo escribir en mi portátil sentada en mi cama. Parece un poco infantil, pero era un sueño que tenía: poder llevarme el ordenador a cualquier parte de mi casa y escribir allí donde me apetezca. Estoy contenta, además, porque creía que una máquina me había vencido y, al final, he vencido yo. Resulta que tengo el ADSL de Telefónica, pero me compré un router inalámbrico más económico que el que ellos ofrecen, lo que me ha supuesto una total falta de colaboración por parte de su servicio de asistencia a la hora de poner en marcha el dichoso aparatito. Ya me lo dijo una de esas voces amables: "es que si no es de Telefónica, no sé como funciona, porque aquí sólo me vienen las instrucciones para los nuestros".

Bien está lo que bien acaba, me digo en estos casos. Y ahora ya puedo navegar en pijama, y leer mis correos arrebujadita bajo la manta, si quiero. Ahora quizás encuentre el momento de hacer esos comentarios que quedaron negligentemente colgados en algún ataque de sueño que me apartó de la pantalla, comentarios, decía, sobre mujeres y política, o sobre las promesas electorales de los presidenciables estadounidenses, de entre los que saldrá nuestro próximo Tío Sam (¿o será una ya muy improbable tía Hillary?). Quizás debería también hablar de agua (de la que ahora mismo cae y de la que alguien quiere traer a Barcelona desde el Ebro). Podría hablar no sólo de la falta de cumplimiento de promesas que movilizaron a media Cataluña hace cuatro años, sino también de torpeza política, de esa que si fuera una película se titularía 'De cómo resolver la sequía destapando la caja de los truenos', o incluso mejor 'Baltasar, el hombre que se buscó 30.000 enemigos por llenar la piscina de algún amigo'. Bueno, puedo escribir en la cama, pero a unas horas más decentes ¿no?
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15 de gen. 2008

Hibernando

Quince días de año nuevo, y yo sin escribir una línea. Algo no va como debería. Y hoy me siento tan profundamente triste que me gustaría ser un oso para poder hibernar hasta pasadas las elecciones. ¿Me entristece la política? No, en absoluto. La verdad es que el enfrentamiento Hillary-Obama me tiene absolutamente absorbida en mis lecturas matutinas y lo sigo con renovado interés.

Seguro que es algo hormonal. Hace años que llegué a la conclusión que, con Bush en el poder, y esa especie de hedonismo desesperanzado, posibilista, instalado el alma de todos quienes deberían presentar alternativas, lo único que empeora (o se recupera), semana a semana, es mi percepción. ¿Cómo lo decía aquel amigo? Un "entusiasmo desencantado". Será eso, o que tengo un presupuesto demasiado apretado para ir de rebajas.

Y, mientras, el COE poniéndole letra a los himnos (una marcha militar, no lo olvidemos), y Rajoy fichando al adalid del anticatalanismo empresarial (Pizarro, nombre de heroico conquistador) como futurible vicepresidente económico.

Lo dicho, quiero hibernar como un oso.
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