23 de des. 2007

Doblarse o romperse

En la novela de Amín Maalouf, León el Africano, la madre del protagonista le relata la muerte de su padre diciéndole que, ante las adversidades, "las mujeres se doblan y los hombres se quiebran". Puede que sí, que, en general, nosotras tendamos a adaptarnos mejor a las situaciones difíciles, porque el instinto de supervivencia de la prole nos ha dotado de algo más de sentido práctico y porque una historia de secular marginación nos ha preparado para tragarnos el orgullo cuando hace falta. Pero las mujeres también se rompen, ya lo creo que sí. Se rompen en mil pedazos por dentro, aunque luego sepan rehacer su vida como un mosaico hecho de fragmentos informes de pasado, de sueños, de experiencias. A veces.

Me ha impresionado —quizás porque acababa de parir el pensamiento que me ha sugerido la frase de la madre de León el Africano— la noticia del suicidio de una mujer joven, de 42 años, después de haber matado a sus hijas, de 4 y 9 años. ¡Cuánto dolor tiene que sentirse para no poder dar un día más de vida a tus propios hijos! ¡Qué vacía debe estar la propia alma para no poder encontrar un calor reconfortante en el abrazo de esos pequeños brazos y sentirlos, en cambio, como una soga que jala de ti hacia abajo, abajo...!

Confieso que alguna vez he sentido el vértigo del desánimo cuando al sonar el despertador, a las siete de la mañana, he visto ante mí una jornada ya agotadora sólo en su arranque, y esa especie de vacío en el estómago que te produce pensar que esa no es tu vida, que nunca pensaste que tu cotidianidad sería esa soledad preñada de responsabilidades. (Probablemente, todavía no he sabido componer un mosaico con los trozos rotos de mi vida.) Sin embargo, lo que me mantiene atada y condiciona todos mis pasos y decisiones, la fuente de mis miedos y mis angustias, mis hijos, son al mismo tiempo mi ancla de cordura. ¿Cómo podría, ni siquiera en sueños, hacerles daño?

Me gustaría tener el talento necesario para meterme en la piel de esa mujer desesperada y entenderla. Imagino la angustiosa sensación de estar rodando abajo por una empinada pendiente, o quizás la infantil ensoñación de que más allá del profundo sueño de una muerte dulce las tres podrían volver a reunirse con el hombre muerto... la fe haciendo verosímil un sueño...

He pensado mucho en la mujeres fuertes, esas que se levantan una y otra vez —por deber y empeño más que por valentía— cada vez que la vida las golpea, pero siento una ineludible fascinación por las mujeres débiles, aquellas que se rompen con el dolor como frágiles muñecas de porcelana, almas de cristal que estallan bajo presión e, incapaces de reconstruirse, se arrojan al fuego con todo lo que aman.
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6 de des. 2007

¡Cambia el cuento!

Hace un montón de días que quiero hablaros de este vídeo, que me parece de las cosas más divertidas que hemos hecho en Intermón Oxfam en mucho tiempo. La propuesta es sencilla, se trata de hacer Algo más que un regalo, es decir, invertir en forma de colaboración para una buena causa lo que te gastarías en algo mucho más superfluo haciendo cómplice de tu donativo al receptor del regalo. Para mí es una muy bunea opción en estas épocas de consumismo delirante, porque demostrarle a la gente que la queremos no tiene por que ser una excusa para comprar objetos inútiles, a mayor gloria de la sociedad de lo banal.

Desde luego, si tu pareja está en crisis, ni se te ocurra sustituir el colgante de planta o ese reloj que tanto le gusta por una vaca (a no ser que además de hacer un donativo útil quieras provocar la ruptura definitiva), pero un par de gallinas, o una cabra, o tres cerditos, siempre serán mejores que la botella de vino para esa tía que no bebe, la quincuagésima bufanda para el abuelo y una forma de hacer, por fin, un regalo de empresa original y divertido.

21 d’oct. 2007

Tarde de domingo

Cuando lees entras en el mundo, en los mundos que otros han creado, y esas vidas, reales o ficticias, caminan a tu lado. Cuando escribes estás completamente solo, a lo sumo arropado por tus fantasmas. Si tienes el oficio y el talento suficiente, puedes hacer que esas sombras se tornen corpóreas, para poder compartirlas con otros, que se sentirán un poco menos solos caminando por el mundo que tú has creado. Pero cuando careces de talento creativo, andas completamente solo por la hoja de papel o la página del editor de textos, intentando a lo sumo ordenar tus pensamientos, como yo ahora.

Con frecuencia me asaltan este tipo de pensamientos aforísticos. Siempre mientras mantengo mis manos ocupadas en tareas domésticas, banales para el devenir del mundo, imprescindibles para el bienestar de mis hijos. Quizás porque en ningún otro momento de mi vida me siento más sola y más irrelevante. Ni siquiera cuando escribo. Me pongo a imaginar palabras, escribo con la cabeza, pero cuando llego al papel o a la pantalla con frecuecia lo he olvidado todo. Como si la inanidad fuera un gran agujero negro que absorviera nuestros pensamientos, buenos o malos, trascendentales o irrelevantes.

A veces incluso pienso personajes. Seres que son yo misma, retazos de mí en un pasado olvidado o en un futuro incierto, seres que caminaron sendas que yo dejé de lado, pero a las que sólo soy capaz de entrever fugazmente. No son siquiera personajes, a penas imágenes borrosas.

Una tarde de esas imaginé a la mujer madura que amaba a un joven soldado. Un amigo, mucho más joven que yo, con su barba de tres días y su capacidad para hacerme reir, me inspiró al amante. A ella la veía algo abatida, como yo me siento algunas noches, preocupada por el futuro de sus hijos, aferrada a su apartamento humilde como a una fortaleza, mirando los uniformes de soslayo, esperando verlos alejarse de su mundo. Podía ser cualquier lugar de Europa: la España del 38, la Italia del 45, los Balcanes de los 90... porque lo importante no era el quién o el dónde, sino la magia de esos pequeños gestos que iluminan de pronto el mundo. Esa sonrisa arrancada con una broma inocente, el roce casual de las pieles, la mano que se tiende inopinadamente para poner en su sitio un mechón de pelo...

Había olvidado esa idea y esas imágenes que no llegaron a ser un cuento. No supe tejer la historia, un antes que me condujera hasta el primer beso robado, un después que deshiciera el nudo de los cuerpos enredados dando sentido a la pérdida. Una historia, para ser una buena historia tiene que enseñarnos algo, y yo no tenía nada que aprender y nada que enseñar, sólo la fascinación por el vértigo momentáneo de un hombre y una mujer (y una notoria falta de talento para compartirlo), así que lo olvidé.

En esta primera tarde de frío de este otoño tardío les he recordado, mientras zurcía un calcetín. Como mi tarea, mi recuerdo imaginado tenía el sabor de otras épocas: una cama de barrotes, una combinación de nylon, un papel floreado y raído en las paredes... Un paisaje de mi niñez cutre.

El joven zapador duerme en la cama. La mujer se levanta y camina hasta la cocina. Coge un cuchillo y empieza a pelar patatas. Ya es casi la hora de la cena.
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11 de set. 2007

Una altra lletra

M’agrada Els segadors. M’emociona, em fa humitejar els ulls i em posa un nus a la gola. Els meus amics d’altres llocs d’Espanya (jo em sento també espanyola, què voleu que hi faci) i els meus propis fills no ho entenen. No entenen, per exemple, que jo em senti orgullosa que els nostres diputats es posessin dempeus i cantessin Els segadors després d’aprovar el nou Estatut, fa poc més de dos anys. El Chema estava escandalitzat. (Jo, com ell, tampoc puc imaginar-me els membres del Parlament espanyol drets cantant l'himne espanyol, però segurament per raons ben diferents a les seves, però ja m'agradaria que Espanya tingués un himne que jo pugués sentir meu i no d'aquells).

Seguint amb Els segadors, he de reconèixer, tanmateix, que no m’agrada massa la seva lletra, perquè és una lletra de guerra. És a dir, en certa manera sí m’agrada, perquè de vegades la gent ha de lluitar. No defenso la guerra. No crec en la noblesa de la mort, ni en la seva èpica. Crec en la noblesa de la vida, i de les vides que són capaces de donar-se per salvar-ne d’altres; però no hi ha cap noblesa en morir, si la vida que dones no s’ho val. Cap vida miserable es redimeix per una mort noble, èpica. Però, de vegades, cal lluitar, i la lluita ha de tenir els seus himnes. Tanmateix hi ha lluites callades que el nostre himne hauria també d’honorar. De vegades cal esmolar la falç just i prou per segar el blat.

Sóc una mala poetessa, així que no pretenc haver fet una bona lletra. Però intentar-ho em sembla una millor manera celebrar la festa nacional del meu país que anar a escoltar discursos o penjar senyeres.

Catalunya triomfant,
terra rica i generosa,
roca ferma, cor obert,
aixopluc dels qui la honoren.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Caminem junts endavant
aplegant els nostres somnis.
Units plantem les llavors,
foragitem els dimonis.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

En la guerra som valents;
en la pau som coratjosos;
fidels som sempre amb l’amic;
amb l’enemic, generosos.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Hi ha pells de tots els colors,
i l’enyor de moltes terres,
però compartim un sol cor
i l’amor per una llengua.

Bon cop de falç!
Seguem el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!

Els poetes van bastir
l’ànima del nostre poble,
i la suor del treball
fa la nostra pàtria noble.

Bon cop de falç!
Collim el blat
i honorem nostra terra.
Bon cop de falç!


6 de set. 2007

Oranetes i cigonyes

En arrencar la setmana vaig rebre una nota del meu amic Jordi recordant-me que, a Tortosa, tornava el Carrilet de la mà dels Quicos (Quico el Célio, el Noi i el Mut de Ferreries), i vaig pensar: "Ves per on, ja s'ha acabat l'estiu". Quan la gent no vivia tan pendent dels rellotges i els calendaris, quan no hi havia Internet, ni mòbils, ni pedeas, ni totes aquestes coses, homes i dones sabien que havia arribat la primavera, fes el temps que fes, quan veien volar les primeres oranetes, i sabien que tombant la cantonada hi havia la tardor quan veien marxar les cigonyes. A Tortosa, estrenen l'estiu amb la Festa del Renaixement i l'acomiaden amb les Festes de la Cinta, i a un i altre esdeveniment els Quicos hi porten la seva música i el seu humor de firaires benintencionats.

Sempre he pensat que La Taverna di Enrico, el divertit espectacle que els Quicos porten des de fa ja onze anys a la Fira del Renaixement, resumeix millor que cap altre dels seus muntatges l'esperit de la troupe: el dels còmics ambulants que durant deu segles van fer camí, d'hostal en hostal, amb un petit repertori fet d'ofici dramàtic i sabiesa popular que oferien a tota mena de públics a canvi de la voluntat. Els Quicos també traginen, de festa major en festa major, d'envelat en envelat, un humor fàcil, no exempt de compromís i crítica social, de la mà de la seva voluntat de recuperar, conservar i popularitzar el folklore de les Terres de l'Ebre, especialment la jota.

El component teatral del treball d'aquest grup tortosí els fa diferents a d'altres formacions amb les quals comparteixen l'esforç d'actualitzar les músiques tradicionals, però també suposa, al meu entendre, la seva principal limitació, ja que la lògica dels personatges (aquests acudits i diàlegs tan ben trabats en una naturalitat ben assajada) pot arribar a emmascarar la música que interpreten. Però, vaja, aquest és un problema menor si el grup és capaç d'anar creant nous temes i noves escenificacions per apropar-los al públic. Ara ja fa més de dos anys que van produir el seu darrer disc, No es pot viure!, i una té la impressió que ja fora hora de veure un nou treball del grup i una nova proposta escènica.

La gent de Tortosa s'ha enfilat al carrilet, i la resta enfilem cap a la feina feixuga que ens porta la tardor i el nou curs. A més, el que se'ns acosta no és pas poc: un any de traspàs (allò que en castellà en diem bisiesto), d'eleccions generals i d'Olimpíades. No sé pas si ho aguantarem això (almenys jo).
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